Las casas trepadoras de La Coracha

180 años de historia acumuló el barrio de La Coracha, aquel conjunto de casas blancas encaramadas en la ladera del monte Gibralfaro y adosadas en la antigua muralla del bastión militar y palaciego que daba frente al mar, y en el que se hacinaron en condiciones insalubres decenas de familias malagueñas.

Cuando la fortaleza empezó a perder su función militar y al tiempo en que los cimientos de la muralla empezaron a demolerse y a llegar aquellos de bajo estatus hasta tal punto que los periódicos de la época menciona el estado en el que se encontraba «un barrio en el que no había alumbrado, ni higiene, ni vigilancia porque ni el Ayuntamiento se atrevía a imponer su ley y su orden».

Comenzaron con viviendas muy modestas que con el tiempo y su proximidad al centro histórico y pese a la falta de agua y de alcantarillado, las edificaciones situadas en primera línea con vistas a la ciudad «no representaban lo que el interior de la Alcazaba encerraba: un barrio infecto, carente de la más mínima salubridad, que se convirtió en un auténtico gueto». Tanto es así que el municipio planteó la demolición de todas las edificaciones, que por aquellos albergaban 431 vecinos, con los escombros resultantes acometieron la canalización del río Guadalmedina para proteger la ciudad de sus peligrosas crecidas. Además se propuso construir nuevas casas con lo que se paliaría la necesidad de entonces de viviendas que existía en la ciudad, se barajó la idea de «desmontar el cerro» para que el aire del mar refrescara la zona del centro

Desde 1931, se consiguió que la dirección general de Bellas Artes adquiriera aquellas viviendas y los solares para restaurar y limpiar de los muros de la Alcazaba las «casas trepadoras» que nacieron de sus ruinas. Las obras recibieron un gran impulso en 1937, a cargo de Juan Temboury, y que tardaron 30 años en recuperar el monumento. Un acierto fue la construcción del ascensor que dio acceso a la Alcazaba. Cincuenta años debieron transcurrir hasta que esta importante mejora pudiera entrar en servicio. En los 90 se llevó a cabo la construcción del túnel de la Alcazaba desapareciendo así la Coracha en su totalidad, en su lugar se construyeron un conjunto de escalinatas y senderos ajardinados.

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